«Llevo 11 años acompañando a mamás. Y en todo este tiempo, nadie les había explicado por qué su vientre no volvía a su sitio.»
Cada semana, la misma mujer se sienta en mi consulta.
Dio a luz hace unos meses. A veces hace unos años. A veces hace más de diez. Ha hecho su rehabilitación. Ha vuelto al deporte. Come mejor que antes del embarazo.
Y siempre me hace la misma pregunta:
«¿Por qué mi vientre no vuelve a su sitio?»
Lo que más me llama la atención es que se sienten culpables. Como si no hicieran suficiente. Como si fuera culpa suya.
No es culpa suya. Y después de 11 años, quiero explicar de una vez por todas lo que no se explica lo suficiente.
Todas dicen lo mismo
Mamás que lo hacen todo bien. Que luchan. Que comen mejor, se mueven más, no se rinden.
Y que aún se sienten culpables por no ver ningún resultado.
Por qué nada de lo que has probado ha funcionado
Lo que te voy a explicar, la mayoría de las mujeres lo descubren demasiado tarde. A veces meses. A veces años después del parto.
Durante nueve meses, tus órganos abdominales se desplazaron. El útero creció hasta ocupar toda la cavidad abdominal. Empujó el intestino hacia arriba y el colon hacia los lados. Todo se separó.
La pared abdominal se distendió. Los músculos del vientre se ensancharon y se alargaron.
Después del parto, el útero se retrae rápidamente. Pero los órganos no recuperan su posición automáticamente. La pared abdominal no se cierra sola.
Ese vientre que no consigues hacer desaparecer no suele ser grasa de más. Es una estructura que se quedó abierta.
Por eso falla cada solución
- El deporte: los abdominales fortalecen los músculos, pero no comprimen la pared hacia dentro. Los crunches pueden incluso agravar una diástasis. La mayoría de las mujeres lo desconocen.
- La dieta: una estructura desplazada no se quema con un déficit calórico. Tu vientre no es grasa de más, es un espacio muscular que no se ha cerrado.
- La rehabilitación del suelo pélvico: imprescindible. Pero trabaja el suelo pélvico, no el cierre de la pared abdominal. Es como reparar el suelo de una casa sin tocar las paredes.
- Las fajas clásicas: comprimen la parte delantera. Tu vientre sobresale por los lados y la espalda. En cuanto te la quitas, todo vuelve a caer. Algunas agravan el problema al desplazar la presión.
- La cirugía: la abdominoplastia cuesta entre 6.000 € y 12.000 €. Una cicatriz de cadera a cadera. De 8 a 10 días de baja. 3 meses de recuperación sin poder coger a tu hijo en brazos. Y si recuperas aunque sean 2 o 3 kilos, la piel puede volver a ceder. Para muchas mamás no es ni realista ni accesible.
La frase que lo cambió todo en mi consulta
Hace 3 años, una compañera fisioterapeuta me dijo una frase que no he olvidado jamás:
«Las fajas comprimen la parte delantera.
El cuerpo da toda la vuelta.»
Esa es toda la diferencia.
Piénsalo un segundo.
Tu vientre no es una pared plana. Es un cilindro. Tiene una parte delantera, laterales y espalda. Los órganos desplazados no están solo delante: están por toda la cavidad abdominal.
Comprimir solo la parte delantera es como intentar cerrar un tubo apretando por un solo lado. No funcionará jamás.
Lo que hace falta es una presión circular. 360 grados. Delante, en los laterales, en la espalda. Continua y uniforme.
Lo que las mamás malasias saben desde hace 500 años
En muchas culturas, las mujeres lo saben desde hace siglos.
En Malasia, en Marruecos, en Indonesia, en México, las mujeres se vendaban el vientre tras el parto. No por razones estéticas. Por razones mecánicas.
En Malasia, esta técnica se llama Bengkung. Una larga banda de tela enrollada varias veces alrededor del vientre, llevada durante las semanas posteriores al parto.
360 grados de compresión circular continua. Delante, en los laterales, en la espalda.
Los estudios sobre la compresión abdominal posparto muestran una reducción significativa del contorno de cintura y una mejora en la recolocación de los órganos frente a las mujeres que no llevan ningún soporte.
El problema, y se lo digo con honestidad a mis pacientes, es que el Bengkung tradicional es incompatible con la vida moderna:
- Una banda de varios metros
- Veinte minutos para ponérsela
- Imposible de colocar una sola
- Se desliza al cabo de una hora
Con un recién nacido, la vuelta al trabajo y las noches cortas, nadie aguanta.
Lo que recomiendo a mis pacientes desde hace meses
Por eso, desde hace varios meses, recomiendo MyMarrak a mis pacientes.
Una marca que ha tomado el principio del Bengkung y lo ha hecho ponible.
Su sistema de compresión cruzada reproduce la presión circular del vendaje tradicional en una prenda interior que te pones sola en diez segundos, que llevas bajo cualquier ropa y que trabaja todo el día.
- Compresión 360°: delante, laterales y espalda
- Te la pones en 10 segundos, como una braguita
- Invisible bajo cualquier ropa
- Compatible con lactancia y poscesárea
- Disponible de la S a la 3XL
No es un cinturón que aplana desde fuera mientras lo llevas. Es una compresión que ayuda a la pared abdominal a hacer el trabajo que no pudo hacer sola.
Ver la braguita MyMarrak →Lo que mis pacientes observan, semana a semana
Los resultados varían según cada mujer. No son promesas médicas: son los comentarios más frecuentes de mis pacientes.
Lo que dicen las mamás
Lo que hace diferente a MyMarrak
| ✗ Faja clásica | ✓ MyMarrak |
|---|---|
| Solo comprime la parte delantera | 360°: delante, laterales y espalda |
| Se sube y se desliza en 1 hora | Se queda en su sitio todo el día |
| Se nota bajo la ropa | Invisible bajo cualquier look |
| Todo vuelve a caer al quitártela | Resultados duraderos en 2-3 semanas |
| Aplasta y agobia | Acompaña con suavidad |
Si diste a luz hace meses y tu vientre no responde a nada, ni al deporte, ni a la dieta, ni a la fisio, hazte una sola pregunta.
¿Alguien te ha ayudado ya a cerrar lo que el embarazo abrió?
MyMarrak.
La compresión que cierra lo que el embarazo abrió.
